Icarus Hawkclaw
Dame un par de balas y una botella de Alcohol y mato a un dios si hace falta.
Description
Icarus Hawkclaw, de 42 años, veterano de guerra curtido en cientos de batallas. Con una estatura de 1’72 y pelo largo marrón, a demás de despeinado, con barba de varios días.Borracho empedernido, cuando no tiene alcohol en el cuerpo es un viejo gruñón, sin embargo, cuando los primeros síntomas de embriaguez afloran, es el alma de la fiesta, siempre optimista.
Bio
-Icarus Hawkclaw, ese es mi nombre amigos, quizás hayas oído hablar de mi… era un mosquetero bastante conocido en Saengard, me hacía respetar, me ganaba ese respeto. Yo vivía en Saengard y era miembro de los mosqueteros, vivía una vida feliz, de vez en cuando atacaba algún desgraciado, pero nada más, los vencíamos rápido y yo disfrutaba de esa emoción que te entra en situaciones así, pero… la ciudad vecina estaba dando problemas y tuvimos que atacar… la rivalidad entre Saengard y Murgsholm se remontaba a la época de mis bisabuelos, cuando ambas se consideraban una, pero Saengard, que en un principio no existía como tal decidió clamar su soberanía, Murgsholm no tardó en reaccionar y el puente que unía a ambas se derrumbó. Desde entonces Murgsholm ha intentado reunificar las ciudades… pero esta vez éramos nosotros los que atacaron, por culpa del gobernante August Abernathy, cuyo padre perdió la vida en un asalto a la ciudad por los Murgsenses o cómo demonios se diga.
Lo que vi en ese ataque fue horrible… los capitanes querían hacer sufrir a la ciudad así que nos mandaron a matar a todo el que supusiese una amenaza… una niña se acercó hacia mi… le dije que parase, que no quería matarla, llevaba algo en la mano, pero no sabía que era… Me dijeron que este trabajo era bueno, que pagaban por defender a los demás.
Rápidamente me hice amigo de mis compañeros, hermanos en armas, héroes de guerra. Pero todo eso quedó atrás aquel día. Esa niña se acercaba, pensaba que nos iba a atacar pero no quería matarla. Por todo lo sagrado. Le dije que retrocediese pero no lo hizo, así que tuve que hacerlo, tuve que… que… disparar, le disparé y cayó desplomada… cuando me acerqué vi lo que tenía en la mano… era una bandera, una bandera blanca como la nieve, una bandera que decía “Me Rindo, por favor no dispares, no me hagas daño”. Me desplomé ahí mismo, no sabía lo que hacer, su cuerpo estaba lleno de sangre y el agujero de la bala se veía perfectamente, su cara estaba bañada a lágrimas pero estaba negra por culpa del hollín, una mirada mezcla de inocencia y terror, que se había quedado grabada en su cara tras su muerte. No debí hacerlo, no debí disparar, pero ¿Qué opción tenía? ¿Y si era un arma? ¿Y si iba a matarme? Pero ¡Demonios! No lo iba a hacer, se rendía…
Cuando volvimos a Saengard llevé la bandera conmigo, una bandera a la que amo, no la de mi país, o la de mi ciudad… la de aquella niña… una bandera de paz e inocencia, una bandera que solo tiene cabida en los buenos… la tengo para recordarme que no soy el bueno, solo un humano que comete errores enormes que deberían ser pagados. Cuando llegué me llamaron héroe, un héroe de guerra, pero ahí acabó todo… ahora lo único que me queda es esta pistola, la bandera… y el alcohol. Me uní a “Tiro mortal” una asociación de mercenarios, para viajar por el mundo, aceptando las misiones que quiera. Ya ves, y aquí estoy, en Arcadia, emborrachándome, acordándome de esa niñita…pero ¿Sabéis que? Necesitáis personas como yo…
